"La discordia del equilibrio" fue un cortometraje que se grabó con el objetivo de iniciarme en el uso de los programas de postproducción y efectos especiales. El resultado de este absurdo proyecto fue el más disparatado de todos mis trabajos, sin embargo, fue el más desternillante, no me he reido más en toda mi vida (excepto aquel día en casa de mi buen amigo Alex) y creo que el equipo diría lo mismo.
Este "corto" me ayudó a entender mejor el mundo de la edición, y ha sido el único dedicado enteramente a la acción. Se filmo con muy pocos medios, y como excusa de mi obsesión por demostrar que era capaz de hacer algo más...
Nunca olvidaré el día que lo grabamos.
Fue en verano.
Jose Ignacio Zarandona, Sergio Méndez y yo nos dispusimos a
emprender una supuesta prueba con la
que solo yo estaba de acuerdo...
Llevamos todo lo necesario al pinar y decidimos que era una buena idea ir antes y comer allí.
Todo estaba tranquilo, solo se nos oia a nosotros. De repente unas motos se detuvieron en el camino, era el SEPRONA (la guardia civil del medio ambiente, ya sabéis)
-Hola chicos, que hacéis por aquí- nos preguntó.
- Nada estamos comiendo- respondí con calma
- ¿Qué hay en esta bolsa?- el guardia cogió la bolsa de mi cámara y la inspeccionó a fondo.
- ¡Oh! Es que vamos a grabar un corto- dije tragando saliva
El guardia dejó la cámara en el suelo y se giró hacia nosotros mirándonos fijamente. Empezó rápidamente a registrar todas las bolsas y encontró mis Wasaki (unas katanas cortas- las llamé yo así XD) - ¿Y esto?- preguntó el guardia con seriedad- Son unas espadas de souvenir que compré en Italia y vamos a utilizarlas para el corto- respondí temiendo lo que estaba por venir. El guardia se volvió hacia su compañero, que se había quedado cubriendo la retaguardia y empezó a discutir con él en voz baja, mirando continuamente la katana. -Oye estás seguro de que no pasa nada por tener esas espadas?- preguntó Sergio inquieto- ¡Que no! Si las vendían en una tienda de recuerdos...- me defendí- Ya veréis como al final pago yo, que soy mayor de edad- se quejaba Ignacio (que nunca ha aparentado más de 17).
El guardia me entregó las katanas- Esta la has intentado afilar- me indicó el hombre, yo me limité a dedicarle una tímida media sonrisa. Se agachó y recogió una bolsita de plástico que contenía unas cápsulas rojas- Eso son cápsulas de sangre... es colorante!- me adelanté. El ambiente estaba tenso y Sergio amenazaba con salir corriendo, estuvimos un buen rato imáginandonos como Sergio atravesaba el pinar zafándose de las motos en una vertiginosa persecución - ¿Cuantos años tenéis?- preguntó - 17- dije yo- ...17- mintió Sergio. Todos nos giramos hacia Ignacio-¡18!- dejo caer con presteza. El hombre se detuvo un momento y centro toda su atención en él, Ignacio intimidado se encogió de hombros, nosotros no podíamos contener la risa y Sergio empezó a taparse la cara y a girarse descontroladamente, yo intenté mantener la compostura por todos y le advertí a Sergio con gestos. Cuando todo parecía solucionado el guardia nos hizo otra pregunta que a todos nos pilló desprevenidos- ¿El perro es vuestro?- No pude evitar imaginarme lo que los guardias estarían hilando, había un pastor alemán entre nosotros que había aparecido de la nada!! -¿¿El perro?? ¡No!¡Qué va! No se de dónde ha salido, el dueño estará por aquí... ¡eh! ¡su perro está aquí!- grité mirando alrededor
- Está allí- dijo Sergio. Menuda situación tan ridícula... Cuando los guardias ya se iban, Ignacio sacó su "kinder bueno" dejando caer el envoltorio al suelo. El del SEPRONA agacho la cabeza y frunció el ceño. Como una centella, Ignacio recogió el plástico y se lo metió en el bolsillo- ¡Perdón! Buenas tardes
Ay qué recuerdos...
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